Mercados. Tercera parte: el mercado de las ideas

Del mismo modo que hemos hablado de mercados en artículos anteriores (Mercados. Primera parte: La llegada de los griegos a Ampurias; Mercados. Segunda parte: la Catalaxia), en este post intentaremos explicar de forma abreviada los intercambios de ideas e intangibles en el mercado.

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Desde la perspectiva histórica

A lo largo de la historia humana, en la interacción, aprendemos de las otras personas. La clave del intercambio de ideas radica en la observación, el aprendizaje y la imitación. Los humanos aprendieron cada vez que interactuaban con personas de otras culturas. Sin embargo la interacción a menudo estaba limitada por la geografía. Una vez que las personas se establecían en una región con abundantes recursos alimenticios, en su mayor parte quedaban desconectadas del resto de la humanidad y muchas culturas no cambiaron mucho en miles de años.

El intercambio de mercancías establecido en la antigüedad es el fundamento de la civilización moderna, del pensamiento moderno. Fue en el mercado (emporio/bazar) donde los hombres aprendieron a intercambiar ideas y bienes; fue allí donde escucharon las palabras de los más destacados filósofos.

El comercio de larga distancia estimula el crecimiento de los centros donde convergen las rutas, y donde los bienes se transbordan de un modo de transporte a otro. En estos mercados, verdaderos nodos de conexión, se intercambian bienes, creencias, ideas, símbolos, patrones de consumo, prácticas artesanales, religión,… con un fuerte impacto cultural, y los habitantes “locales” son los receptores, traductores y transmisores de las ideas “del mundo exterior”.

Los alfabetos y los idiomas son clave para el comercio y la expansión griega arcaica y la de los primeros fenicios que construyen una verdadera red de productos, población e intercambio de información en el Mediterráneo. Sucede lo mismo en  muchas otras regiones del mundo en la que se establecieron rutas comerciales como la Ruta de la seda (China – mundo islámico – Europa), la Ruta del incienso (Egipto – India – Arabia – Europa), la Ruta de las especias (China – India – Oceanía – Europa) o la Ruta del Galeón de Manila (Filipinas – México – La Habana – España).

El intercambio es un concepto central en arqueología. Cuando se refiere a bienes materiales, es sinónimo de comercio. Pero, el “intercambio” puede tener un significado más amplio, refiriéndose a todos los contactos interpersonales, de modo que la mayoría del comportamiento social es visto por los antropólogos como un intercambio de bienes, tanto materiales como no materiales.

Antes de la era contemporánea, dos grupos principales de personas ayudaron a difundir ideas: los mercaderes y los misioneros religiosos. Ambos tenían una necesidad importante de viajar largas distancias y aprender culturas distantes. Pero sus agendas estaban muy entremezcladas y contribuyeron a polinizar de forma cruzada las poblaciones con bienes, ideas y religiones.

Los principales centros de intercambio de ideas han sido históricamente los siguientes:

  • El mayor lugar de intercambio cultural y de ideas fue el bazar, sinónimo de mercado.
  • La plaza del pueblo. Ágora en Atenas, Foro en Roma, Alun-alun en Indonesia.
  • Los baños públicos.
  • Las peregrinaciones. La Meca fue la más importante en la antigüedad.
  • Las cafeterías. La Meca, Damasco y El Cairo han tenido cafés durante siglos.
  • Las universidades. Complementadas por gremios de comerciantes para los oficios.
  • Las posadas, precursores de los hoteles modernos.
  • Los lugares de culto y la educación asociada con el aprendizaje religioso.

Debido a su papel en la economía, los sistemas de intercambio también afectan la naturaleza, la adquisición, el mantenimiento y la distribución del poder en las sociedades antiguas. La propia estructura social se ha definido como “el patrón de contactos repetidos entre personas”, por lo tanto, la organización social y el intercambio son simplemente aspectos diferentes de un mismo proceso.

Más allá de la idea

Al estudiar la variedad de productos disponibles de fuentes distantes, las ideas para nuevos productos, o nuevas combinaciones, como Joseph Schumpeter los llamó, se generan en las mentes de los comerciantes y sus clientes. El mercado actúa como un estímulo para la innovación. Cuanto más grande sea el mercado, y cuanto más amplio sea el área a la que sirve, más profundas serán sus innovaciones.

Según Schumpeter, un emprendedor es una persona dispuesta y capaz de convertir una nueva idea o invención en una innovación exitosa. El espíritu empresarial emplea lo que Schumpeter llamó “el vendaval de la destrucción creativa” para reemplazar, en su totalidad o en parte, las innovaciones inferiores en los mercados y las industrias, creando simultáneamente nuevos productos, incluidos nuevos modelos comerciales.

Nos referimos a ideas que puedan ser convertidas en productos y servicios exitosos en el mercado, es decir, innovaciones. Estas ideas son semillas del crecimiento económico. El aumento en los niveles de vida depende de la efectividad de transformar nuevas ideas en productos de consumo o procesos de producción. Encarnar una idea en un producto o proceso de producción de ninguna manera es inmediato. Alguien debe tener una visión o aplicación de la idea y los conocimientos para implementarla.

El mercado de patentes

Las ideas de los trabajadores sobre nuevos productos, servicios o proyectos pueden venderse en un mercado (mercado de patentes) a empresas existentes o implementarse en nuevas empresas: spin-offs. Una empresa puede vender una idea que no sea relevante para su negocio o comprar una si no innova.

Los trabajadores tienen información privada sobre la calidad de sus ideas, y por lo tanto, pueden vender sus ideas a empresas existentes solo a un precio que no depende de su información. Para constituirse en spin-offs solo los trabajadores con muy buenas ideas deciden separarse y establecer una nueva empresa.

La selección de proyectos de las empresas es independiente de su tamaño, lo que, según algunas suposiciones, conduce a un crecimiento independiente de la escala. La eficiencia del mercado de patentes afecta el crecimiento de la economía.

Propiedad intelectual

En la antigua Grecia encontramos los primeros ejemplos de reconocimiento de la creatividad y el trabajo intelectual. En el año 330 A.C. una ley ateniense ordenó que se depositaran en los archivos de la ciudad copias exactas de las obras de los grandes clásicos.

Los primeros privilegios de derecho de autor, antes de que se configurara el régimen de licencias, se concedieron en forma de monopolios: las patentes reales.

El Estatuto de la Reina Ana de 1709 (“An Act for the Encouragement of Learning, by vesting the Copies of Printed Books in the Authors or purchasers of such Copies, during the Times therein mentioned”) confería protección jurídica a libros y otros materiales escritos reconociendo al autor su derecho de propiedad.

El reconocimiento del derecho individual del autor a la protección de su obra se afianza a finales del siglo XVIII a través de la legislación que se dicta en los EEUU y en Francia. Posteriormente a este siglo, muchos países incluyeron en sus constituciones nacionales los derechos de autor entre los derechos fundamentales del individuo.

Finalmente en el siglo XX el derecho de autor es universalmente reconocido como derecho del individuo, en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948.

La propiedad intelectual en la actualidad ha recibido mucha más atención porque las ideas y las innovaciones se han convertido en el recurso más importante, ya que reemplazan la tierra, la energía y las materias primas. Hasta tres cuartas partes del valor de las empresas que cotizan en bolsa en Estados Unidos proviene de activos intangibles. “El producto económico de los Estados Unidos”, dice Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos de 1987 a 2006, se ha vuelto “predominantemente conceptual”. La propiedad intelectual forma parte de esos activos conceptuales.

Las raíces del crecimiento económico: La Ilustración

El crecimiento económico europeo en el siglo XIX debe verse tanto en su trasfondo intelectual como en su entorno económico. Las interacciones más cercanas entre diferentes tipos de conocimiento útil fueron impulsadas por la Ilustración.

La Ilustración emergió de la tierra fértil de una concatenación única de circunstancias: la fragmentación política de Europa, que hizo más difícil la supresión de innovadores por la ortodoxia gobernante y los intereses creados, junto con una coherencia intelectual que se manifestó en la república de las letras transnacional. El “mercado de ideas” resultante dio lugar a una configuración competitiva en el ámbito de la actividad intelectual, en la que las ideas coherentes y compatibles (o las que parecían tener ese sentido en ese momento) tenían una buena probabilidad de éxito, aunque esto nunca fue pre –ordenado.

Dos declaraciones resumen gran parte de la sabiduría convencional sobre la experiencia histórica del crecimiento económico en Occidente: (1) El crecimiento económico moderno fue iniciado por la Revolución Industrial en el siglo XVIII, y (2) la Revolución Industrial fue principalmente sobre tecnología.

La tecnología, en su más amplio sentido, trata de nuevas ideas y del crecimiento de conocimiento útil. Sin embargo, el impacto económico de las nuevas tecnologías, no importa cuán ingenioso, se puede realizar solo si el entorno institucional es propicio y permite la explotación de los inventos de manera efectiva. En un modelo económico simple, es difícil saber si las instituciones conducentes ‘causan’ un cambio tecnológico o viceversa. Es discutible que ninguno de los dos sea verdaderamente exógeno, y que ambos dependan del proceso de formación de ideologías y creencias que siguen sus propias reglas.

En un famoso párrafo John Maynard Keynes escribió que “… el poder de los intereses creados es enormemente exagerado en comparación con la invasión gradual de ideas… pronto o tarde, son las ideas, no los intereses creados, los que son peligrosos para bien o para mal”.

Una versión reducida de este articulo fue publicado en catalán en la revista Emporion con el título: “On intercanviem coneixements? (¿Dónde intercambiamos conocimientos?)”.

 

Si queréis saber más…

 

Vries, P. (2016) A Market for Ideas? A Review of Joel Mokyr’s A culture of growth. The Origins of Modern Economy. Princeton 2016.

Mokyr, J. (2006) The Market for Ideas and the Origins of Economic Growth in Eighteenth Century Europe. Tijdschrift voor sociale en Economische Geschiedenis 4 [2007] n. 1, pp. 3-38.

Torras, C. (2007) Convertir les idees en negoci. THEKNOS. Núm. 113. Octubre de 2007.

Cukier, K. (2005) A market for ideas. The Economist. October 22nd, 2005. A survey of patents and technology.

http://www.intellectualventures.com/assets_docs/EconomistPatentSurvey.pdf

Polanyi, K. et al. (1957) Trade and Market in the Early Empires. Economies in History and Theory. The Free Press. Glencoe, Illinois. (Regnery Pub. 1971).

http://web.mit.edu/arnico/Public/PristaDocs/Polanyi%20readings.pdf

Barlow, J.P. (1994) The Economy of Ideas. Wired. 03/01/1994.

https://www.wired.com/1994/03/economy-ideas/

Hegde, D. y Luo, H. (2016) Patent Publication and the Market for Ideas. Harvard Business School. Working Paper 14-019. February 8, 2016.

http://www.hbs.edu/faculty/Publication%20Files/14-019_726e14eb-8ebb-49d9-ae75-f368916cdf60.pdf

Whipps, H. (2008) How the Greek Agora Changed the World. Livescience.

Goucher, C. y Walton, L. (2013) World History: Journeys from past to present. Routledge.

 

Otras páginas web de interés:

http://www.intellectualventures.com/assets_docs/EconomistPatentSurvey.pdf

https://www.amazon.es/dp/B002XHNNWA/ref=dp-kindle-redirect?_encoding=UTF8&btkr=1

https://roadtoio.wordpress.com/2012/09/14/founders_co-founders_ideas/